Un cateto de ciudad.

Posted in Historias del día a día with tags , , , , , , , , , , , , , , on 6 diciembre 2017 by Jdcc

Parece mentira que haga ya casi quince años que, como buen españolito, me comprara una casa a toda costa para intentar construir un hogar y me hipotecara de por vida también a toda costa como era la costumbre en aquellos años. Pero lo que aún me cuesta más creer, si cabe, es cómo un tipo como yo, que lleva el salitre por las venas y que fue criado en pleno barrio urbanita de una gran capital, acabó en un pequeño pueblo del interior de la provincia. Y es que no hay nada que una buena burbuja inmobiliaria no consiga. A pesar de la perspectiva con la que se suelen engrasar los recuerdos, no me es complicado traer la sensación que se extendía por aquellos tiempo de que, “o te compras una casa ahora” o acabaras siendo un cualquiera.

Pero ocurrió, y entre el miedo a ser un proscrito sin hipoteca ni casa y las ganas de independencia acabé a más de cincuenta kilómetros de cualquier charco salado donde mojar mis pies e inhalar “mí” salitre. A pesar de ello, no puedo decir que la vida en el pueblo sea peor ni mejor: es simple y plenamente diferente…y no lo presento ahora con doble sentido, créanme.

En una de estas diferencias cotidianas hallábame dando un paseo por los múltiples senderos que se abren entre los campos y colinas que rodean “al poblado” -como me gusta referirme al pueblo-, cuando me topé de bruces con un inmenso rebaño de cabras……dirigidos por su cabrero -of course- y que bloqueaban el camino. Su imagen, que podría decirse de típico cateto, me transmitió a un ser tosco, brusco, cerrado, huraño, distante, aislado. La R.A.E. define cateto, dicho de una persona, como pueblerina o palurda, rústica, ignorante. Un seco y distante saludo fue lo único que alcanzamos a cruzar. Tras dejarlo atrás, dábale vueltas a la presencia del cabrero intentando imaginarme su existencia cotidiana: sin haber siquiera amanecido, aún con el negro de la noche, con frío o calor, en seco o mojado, palo en mano, mochila al hombro con algo para comer, gorra calada y ropa gruesa y desaliñada, le tocaría echar a andar todas las mañanas con la única compañía de sus perros a pastar con el rebaño durante todo el día, todos los días. Fue entonces cuando, comparativamente con lo que yo he conocido me inundó la abrumadora sensación de una vida perdida, desperdiciada, abandonada; pensé y sentí sinceramente: pobre hombre, vaya vida.

Como por esos días, tenía la rutina de salir al atardecer -bien en bici, bien en sistema bípedo-, empecé a coincidir con el cabrero y su rebaño en varias ocasiones. Una pizca de confianza y algo de complicidad iban arraigando en nuestros breves encuentros que se plasmaban en escuetos saludos con cruce de miradas. Por otro lado, empecé a descubrir la fascinante e increíble habilidad que demostraba el buen hombre con los perros, a quienes transmitía órdenes con simples silbidos o gestos, y éstos, con disciplina y efectividad militar agrupaban, separaban, apartaban, frenaban o aceleraban a todo el rebaño al unísono para en unos segundos facilitarme el paso.

Y así, tal y como el lado oscuro se alimenta de la luz, la ignorancia se alimenta del conocimiento. De repente, esa imagen hizo girar los resortes de las puertas para poder ver detrás de lo aparente y descubrir el valor añadido de todo lo que ese hombre aportaba con su trabajo, del milagro del mundo rural, de la agricultura, de la ganadería, de cuanta vida y sabiduría aglutinan las personas “catetas”, y de cómo gracias a ello una pequeña porción de la población -la rural-, con su sacrificio vitalicio, buen hacer y esfuerzo cotidiano da de comer y alimenta a la gran mayoría -los que miramos distantes, altivos y con aires de superioridad desde la capital-; y desde ese día, se me clavó muy dentro, como una espina en la garganta, la incógnita de qué cojones sería de las grandes ciudades sin los pequeños pueblos donde todo eso se forja y se mantiene. Un verdadero misterio, un infinito desequilibrio, un abismo insondable e inabarcable por cualquier cateto de ciudad como yo…..como tantos.

El punto de encuentro

El punto de encuentro

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Luces rojas, luces blancas.

Posted in Con los ojos cerrados y el corazón abierto on 30 noviembre 2017 by Jdcc

..Un parpadeo prolongado más de lo habitual cuando viajas en moto a gran velocidad no es muy recomendable, pero a veces es la única forma que tienes de frenar y mantener a raya esas lágrimas que se despiertan, que aparecen, que se desbordan y se derraman por el contorno del ojo y que caen lentamente recorriendo la mejilla mientras se enfrían con el viento que se cuela en el interior del casco y que va cavando un surco húmedo en el rostro….. pero como las cosas de la vida, a veces no puedes hacer mucho más que apretar los puños y resistir……. Y todo, entre otras cosas, porque se empaña la visión de las luces blancas y sobre todo de las luces rojas, únicas compañeras de viaje.

Ellas, las luces, como la luz de los faros, tan necesaria para los marineros que navegan de noche en el mar y que tan desapercibida pasan para quienes deambulan en tierra como quienes caminan por los contornos de mis días, son ahora como los momentos que transcurren en la sinuosa carretera de mi vida. Unas se cruzan de frente, deslumbrándote y doliéndote, otras se aproximan despacio y suavemente en la oscuridad de la noche mientras te marcan el camino y el próximo giro y todas juntas, ahora que intento ir aprendiendo a ser mi propio puerto, me sitúan desplazándome, deslizándome, esquivando, acelerando y frenando haciendo de mis manos y mis pies artes de titiritero para continuar mientras quede combustible en el depósito.

Mientras pasa el momento sólo hay oscuridad, pozos de silencio, olor a fuego de chimenea en el ambiente y tierra mojada, frío y soledad, mucha soledad….todo esto mientras pasa el momento en que la visión ya no se empañe….. que pasará, porque como todo, pasará.

Amanece.

Posted in Historias del día a día with tags , , , , , , , , , , , on 1 noviembre 2017 by Jdcc

..y es hora de salir para ir a trabajar. Intento abrir la puerta de la entrada con suavidad empujando el pomo para minimizar el ruido de la manilla al girarla. En un par de pasos estoy en el porche de la entrada donde los gatos callejeros corretean ya entre mis pies y comienzo la liturgia de los que nos movemos en moto: chaqueta, guantes, casco, embrague, primera y listo para recorrer el camino que toca atravesar entre el este y el oeste. En el instante que dura una inspiración profunda disfruto del gratificante e intenso olor de los jazmines en estas madrugadas. La noche negra me rodea con su envolvente sombra (1) y como respuesta al silencio inquietante que soy a menudo, el murmullo de una voz silenciosa pero intuida me atrae haciéndome mirar hacia el horizonte que me espera. Fijando un poco la vista puedo empezar a ir distinguiendo ciertos perfiles y siluetas a modo de “negativo fotográfico” de las colinas, los campos, los árboles y las nubes. Primero es una especie de luz blanca muy suave y débil, casi inapreciable e indistinguible, no el sol, y ella sola va como aclarando lentamente esos perfiles, y esa primera luz, los va revelando poco a poco detrás de la inmensa y negra sombra que ahora son. La claridad comienza a expandirse muy lentamente como empujada por una marea que sube como ocurre con las olas en el mar. Luego sobre las siluetas de las montañas a lo lejos se va perfilando un color ahora anaranjado que se intensifica quebrando la negra noche del cielo con tonos azulados que van apagando estrellas. Y luego aparecen, ahora sí más reconocibles, los primeros rayos dorados del sol que se van alargando, ensanchando, adaptando, ocupando y conquistando el espacio que le pertenece ahora al día haciendo explotar como cristales rotos el cielo colándose sobre y entre las nubes que van mutando en sucesivos colores a cada instante, como jugueteando con ellas y es entonces cuando contemplo impresionado un infinito Caravaggio celestial, una escena viva de luces y sombras, cambiante y en movimiento continuo a los que acompaño con mi mirada. Son sólo unos minutos cada mañana…… ¡¡¡pero tan intensos!!!. Algo en mí se estremece al ritmo de este baile de máscaras. Todo es ya luz en un extremo del horizonte. El otro extremo, mirando hacia el oeste, y el campo celestial que existe entre ambos, es otra batalla de luces contra sombras perdidas de oscuridad donde la última parte de la negra noche delata el rastro de la luna e intenta resistirse a lo inevitable sin saber que la única salvación para los vencidos es no esperar salvación alguna (2). Y es tanta la hermosura de cuanto acontece cuando amanece, y es tanta la fortuna de mis ojos al poder contemplarlo, y es tan admirable e impresionante la belleza del momento que transcurre que mi alma se excita y regocija como un niño por la emoción desbordante y desbordada. Y de repente me asalta otra vez la misma pregunta:

¿qué reflejan tus ojos?
¿dónde fijas tu mirada?
¿a qué prestas atención?

Otra vez me quedaré sin la respuesta.

Tras un breve instante desapercibido, el día ya se hizo y no queda rastro de la noche.

Notas: (1) y (2) pertenecientes a la Eneida (Virgilio).

Mahoma no existe.

Posted in Historias del día a día with tags , , , , , , , , , , , , , on 2 octubre 2017 by Jdcc

Dice Don Quijote que “el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho“, y parece cierto, porque casi todo lo que nunca hayas visto lo encontrarás o bien en los libros o bien viajando.

Es curioso y tan fascinante esto de viajar y sobre todo esto de viajar solo, vagando como una nube que flota en altos valles y colinas (1), que como en la vida, nunca sabes quién o qué te espera detrás de lo que está por venir. Viajar es un ejercicio con consecuencias fatales para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de mente (2) y donde descubres que nada es tuyo excepto lo más esencial: el aire, la comida, las horas de descanso, los sueños, el mar, el cielo (3), y es que cuando viajas eres lo que eres en ese momento, en ese momento presente, porque las personas no conocen tu pasado como para reclamarte algo (4).

Reconozco que, al menos en mi caso, lo más difícil es siempre elegir a donde ir y luego decidirme a salir, aunque lo demás suela llegar por sí sólo o de la mano de alguien. Una vez en ruta consigues estar, transitar, percibir, observar, conocer, descubrir, sentir, dejarte llevar y perderte para luego reencontrarte contigo mismo o quizás, tarde para eso, con alguien ya un poco diferente bajo el mismo nombre y el mismo rostro pretendiendo descubrir el mundo tal como es, ni como te lo cuentan ni como te lo imaginas, ni creyendo todo lo que creías y dándote la oportunidad de al menos vislumbrar el alma que sobrevive en las cosas que son diferentes, pues es ese precisamente, donde reside el nexo de unión: el alma de las cosas. Dicen que viajar es la única cosa que pagas y te hace más rico, y que es más importante la actitud que los kilómetros que recorras; coincido con ello, por ello desata amarras y navega alejándote de los puertos conocidos. Aprovecha los vientos alisios en tus velas. Explora. Sueña. Descubre. [5], porque al final de todas las cosas el misterio final es uno mismo…….y ¿quién puede calcular la órbita de su propia alma? [6].”.

Este verano he roto los moldes que me ajustan normalmente y, casi como un kamikaze, decidí seguir inyectándome un poco más del significante y el significado de viajar para explorar dentro de mí a través de lo que se ve, de lo que hueles, de lo que tocas, de lo que palpas, de lo que pruebas, de todo aquello que se te acerca, se aproxima y tiende a llegar cuando saltas y te posicionas fuera de la zona de confort con la actitud oportuna y necesaria. Y todo salió bien. Y todo fue como debía ser, o al menos así lo percibo ahora. Descubrir otras culturas, otros mundos, otras rutinas, arquitecturas, músicas y expresiones del arte, costumbres distintas, lenguas nuevas, el auténtico poder de las mareas en las rías, que el “tex-mex” tiene poco que ver con el auténtico México, que Mahoma no existió ni existe (pues no es una traducción o adaptación lingüistica de Muhammad, el profeta), incluso echar de menos tu casa……. observar que occidente es la excepción a la regla en este mundo de locos, cuán poco se necesita para vivir, conocer a personas increíbles de múltiples lugares que te enseñarán, te impactarán, te situarán, te marcarán, compartirán y te ayudarán también a descubrirte a tí mismo como si fueran espejos de tu propia alma, con sus vidas y sus experiencias, que asimilarás para ofrecérselas a otros como una cadena infinita de sinergias, para convertirte en último término, junto a todos ellos, en la sal misma de la tierra de este mundo tan complejo y tan difícil.

 

Entre otros muchos, gracias a Sergio (Murcia – España), Rodry (Málaga – España), Sandy (Cali – Colombia),  especialmente, a Lisa (Londres – Inglaterra) y, muy especialmente, a Eduardo (Ciudad de México – México) por acompañarme y enseñarme a caminar en mis últimos viajes, y como no, y como siempre, a mi familia y amigos, que unas veces de cerca y otras de lejos, me acompañan en cualquier viaje y, en todo momento, en el viaje de mi vida.

 

Cualquier lugar de cualquier Medina de cualquier ciudad de Marruecos; Septiembre de 2.017.

Cualquier lugar de cualquier Medina de cualquier ciudad de Marruecos; Septiembre de 2.017.

 

        El influjo de las mareas atrae el agua, y con ella, la vida a la tierra, y así como la atrae, la devolverá en un ciclo cotidinao e infinito.

Neda (A Coruña) – Camino de Santiago, Agosto de 2.017.

Citas recogidas en cursiva:

(1) W. Wordsworth

(2), (5) M. Twain

(3) C. Pavese

(4) W. L. H. Moon

(6) Oscar Wilde – De Profundis

Insomnio.

Posted in Con los ojos cerrados y el corazón abierto with tags , , , on 31 julio 2017 by Jdcc

Llega el momento, ese precipitado instante que pondrá final al día de hoy e intentas buscar, encontrar y adaptarte al estado de ánimo necesario para dormir. Ese estado de cansancio o relajación que concilie un pretendido y necesitado sueño reparador, pero que ya intuyes tras ese segundo, que no va a llegar, y esa mala predisposición ya comienza a fastidiarte.

Por eso, decides tal vez poner en marcha lo aprendido: soltar la respiración, relajar la musculación, aflojar la tensión que cuelga después de haberte incluso relajado, y te sorprendes de cuanto queda siempre detrás de lo que aparentemente no se percibe, allá donde aparentemente no queda ya nada.

Sin querer queriendo te cruzas sin buscar y encuentras la hora del reloj una y otra vez donde los minutos ya han cambiado sus reglas del juego, rompen su orden y se desacompasan contigo.

De repente, prestas atención a todo lo que te va llegando sin querer y sin quererlo. Los grandes silencios de la noche resaltan entre todos los pequeños ruidos de lo que queda vivo aún, y se van quebrando todos ellos con el lejano ladrido del perro, el brusco portazo, el eco de unos pasos desconocidos que acompañas hasta que van alejándose y desapareciendo poco a poco, el crujir de algún mueble, el tic tac lejano del reloj. Se va enturbiando todo como el agua estanca de un arroyo con un grito inadecuado e inoportuno, y parece multiplicarse la presencia del temblor de los motores de los coches y el roce de sus neumáticos al rodar y girar con el asfalto aún recalentado; el antes inapreciable murmullo del ventilador del techo también susurra desde su sombras aunque el aire que remueve ya es insuficiente para mitigar la sensación de calor. Los pensamientos empiezan a empaparse y se empastan con el aire removido.

Y el tiempo parece seguir frenándose aún más para alargar la madrugada, y aunque quieras engañarte el reloj se alía con esa sensación de lentitud anciana para fabricar el insomnio, pero eliges seguir luchando contra él aún sabiendo cual será el resultado.

Y es cuando comienza el inventario de pensamientos, el decálogo de emociones cotidianas, el listado de asuntos pendientes, y es cuando acuden todos los fantasmas; y ya no queda otro remedio, toca enfrentarse a todo en ese campo de batalla negro y apagadamente escandaloso de tu cabeza: pasado, presente y futuro se entremezclan confusamente en una ficción tan absurda como irreal para mirarte cara a cara cual espejo y enfrentarte a quien fuiste, a quien eres, al lugar donde estas, al que quieres llegar, a todo lo que querrías cambiar y cómo pretender accionarlo. Pero todo es demasiado grande para este insomnio y en este momento de la batalla te sientes ya vulnerable, derrotado y aquí no hay ya valentía ni habilidades más allá de aceptar dejarse atravesar y abandonarse, las ganas se esfuman, el desánimo aflora, la derrota se intuye y entregas las armas. No decides nada, tampoco haces nada ya.

Y, tras ello, cuando menos lo esperas, sin saber cómo ni en qué momento exacto, descubres agrietados los ojos y pesados los párpados, y la luz, antes aliada, comienza como a dolerte y a cegarte; y se cuelan como una mariposa, el cansancio y lo que parece sueño en un momento de paz que saboreas en cada resquicio de la oscuridad absoluta y solitaria que te envuelve; y un leve y frágil escalofrío que alivia este momento presente; y tu recuerdo, tú, completamente, como presente, tú, tal cual eres; y ahora, desnudo como ante un mar en calma y de aguas templadas nadas el sueño como en el momento exacto en que la piel entra en contacto con ese mar, y se produce una simbiosis perfecta de temperaturas y texturas…… y todo está bien, todo se reconforta, todo fluye, saboreas la serenidad, y ya no cuenta ni existe miedos ni tiempo.

Y al final, como una noche de vigilia, como todo, todo pasa, y esto también pasará, esta lucha entre querer y no poder, entre poder y no querer en los días del insomnio del sueño de mi vida, de toda mi vida que me queda por vivir. Y todo estará bien.

 

Cartier-Bresson, Henri - The Red List - (Italia 1.933)

Henri Cartier-Bresson –  (Italia, 1.933)

“…..y ahora, desnudo como ante un mar en calma y de aguas templadas nadas el sueño como en el momento exacto en que la piel entra en contacto con ese mar, y se produce una simbiosis perfecta de temperaturas y texturas…… y todo está bien…..”

Los cristales rotos.

Posted in Con los ojos cerrados y el corazón abierto on 3 marzo 2017 by Jdcc

Desde la oscuridad de esta noche y de esta soledad de estrellas, desde las horas robadas al sueño, entre mis catedrales de silencios que son estos ratos de las madrugadas en las que uno se sienta a contemplar este mar de pensamientos, de sentimientos y de sensaciones; entre estas aguas donde navegan esos barcos de esperanza que alimentan nuestros sueños presentes y futuros, atracados y anclados en aquellos diques de nostalgias, desde aquí, desde donde todo parece dispuesto para zarpar y alejarnos de aquellos puertos de la memoria que nos atrapan en un pasado que a veces nos retiene y otras nos empuja hacia adelante, que a veces nos acompaña y otras nos abandona, que muchas veces nos tortura y otras, a veces, nos consuela….. desde aquí, todo se detiene.

El mundo duerme ajeno a mi desvelo, respira sereno, entorna los ojos, se confía, tiene saudade conmigo.…. desde aquí, todo es diferente. Las vidas se disipan entre el sueño y la vigilia y se escurren entre los pedazos de corazones rotos como el agua entre las manos, como el tiempo entre las horas.

Utopía significa “en ninguna parte”, y nada encuentro más triste que un desencuentro. Todos ven lo que aparentas, pocos ven lo que eres. No creas todo lo que crees porque en el tránsito hacia una nueva etapa todo se oscurece, y de entre la máxima oscuridad se accede a la luz donde el verdadero modo de conocer el camino al paraíso, es conocer el que te lleva al infierno.

Existen muchas cosas que ocurren muy despacio, y en ocasiones el dolor será inevitable pero el sufrimiento es opcional.

Ahora, en este instante detenido y lejano, sólo existe un tic-tac goteando en mitad de un silencio oceánico que todo lo envuelve y todo lo arrulla, que todo lo puede, que todo lo transforma hasta permitirme navegar por esa mar que es la serenidad de los momentos por vivir, tranquilidad de los deseos, sosiego de los sueños, salitre y arena con el que en pocas ocasiones uno tropieza.

Ahora el mundo para quien lo quiera que a mí me espera una mañana distinta en el mismo amanecer, con otra luz del mismo sol y otra brisa del mismo mar porque tras caminar descalzo sobre cristales rotos, ya no hay retiradas ni asuntos pendientes, toca dejar volar el miedo, respirar profundo, remar sin vientos, continuar el dibujo de puntos y, encontrando tu mano, partir en busca de lo que será.

Ahora….. ahora….. ahora, será el tiempo y el adverbio.

plano-dividido

 

Pasiño a pasiño…..Ultreia!!!…Et suseia!!!

Posted in Con los ojos cerrados y el corazón abierto with tags , , , , , , on 27 noviembre 2016 by Jdcc

Voy a contarles algo que no se puede explicar porque -gracias a Dios….y Dios es el nombre de muchas cosas- aún existen momentos en la vida que solo pueden ser vividos y percibidos cuando suceden y mientras suceden, y no sirven ni las palabras, ni las fotografías, ni los vídeos de los móviles.

Hoy hace justo dos meses que volví de mi peregrinación al Camino de Santiago.

Alguien me contó que el espíritu del camino te posee antes incluso de empezarlo, antes incluso de que hayas tomado la decisión de viajar, y es cierto. También he oído decir que uno casi siempre viaja “huyendo de….” o “buscando a….”, y creo que, en parte, también es cierto si tienes demasiados asuntos pendientes o si te percatas de cuánta vida se le escapa a uno en el día a día.

El Camino de Santiago es un viaje distinto, un universo de sensaciones y experiencias cotidianas diferentes. Es un mundo construido con pasos desconocidos, pero pasos inolvidables; fabricado con los marcados acentos de todas las voces del mundo que viajan contigo, y de cómo ese acento nos delata, nos revela y descubre, de cómo nos identifica y nos une; pintado con las nieblas al amanecer que tanto esconden como descubren los bosques y senderos que te guían, y rellenado con el susurro del viento que recorre las copas de los árboles; un viaje amasado con el cansancio y el peso de la mochila como alegorías de cualquiera de las almas peregrinas repletas de ampollas y tiritas, personas todas ellas absolutamente desconocidas para tí que formarán parte de tu experiencia pero a las que, contradictoriamente, no volverás a ver en el resto de tu vida.

Sorprende el efecto anestésico inicial del Camino. Sin embargo, llega un momento cuando menos te lo esperas -que es una serendipia-, en el que la anestesia desaparece de repente y te descubres abierto en canal al dolor que se lleva tapado; y es entonces y sólo entonces, en esa soledad abrumadora, cuando empiezas a sanar, a desprenderte de todo lo accesorio, a soltar, dando pie a comprender que en esas zonas inexploradas de tu alma te encuentras tú, en la forma más simple que te puedas imaginar, como si fueras otro ser humano que sólo ha encontrado su salida al ir pisando la hierba que hace nacer el sendero. Tras ese instante empiezas a dejarte llevar, y de forma automática, a recibir sensaciones que no se pueden comprar, tan pronto tumulto de voces tan pronto silencio absoluto quebrado sólo por el ruido de tus propios pasos al caminar, y es en esos momentos en los que uno se va topando con todas las respuestas que andaba buscando, clavadas en los silencios de las sombras de los árboles, en las piedras del camino, en los pasos cansados, en la sed de las cosas, hasta un instante en el que no quedan ya preguntas por hacerte y, simultáneamente, aprehendes la diferencia entre lo que crees que necesitas y lo que realmente necesitas, y es cuando aunque creas perder el rumbo por un segundo, te detienes, respiras profundo, entornas los ojos, y descubres sin saberlo haber obtenido la habilidad de encontrar entre las rocas, entre los postes, entre los árboles, las señales escondidas que antes no veías y que guiarán tu camino en forma, esta vez, de flechas amarillas.

El Camino es el viaje donde no existe más principio que aquel lugar de donde sales, ni más destino que aquel al que pretendes llegar antes de caer la tarde, ni se cuenta tiempo distinto que el ahora, ni otra intención que la siguiente zancada. Ese misterio aporta fuerza y alivio, junto a la sabrosa complicidad total y absoluta que surge entre los peregrinos, tal vez por el recíproco conocimiento de que todos libramos día a día una batalla de la que nadie sabe nada.

¿Cuántas de las cosas que te rodean día a día crees realmente que son necesarias o imprescindibles?¿Cuánta distancia te hará falta recorrer para encontrar la respuesta?

Para ese viaje, para todo aquel que lo emprenda, vaya a donde vaya, solo dos palabras:

               ¡buen camino!.

 

Don´t Stop Walking!!!

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