Insomnio.

Posted in Con los ojos cerrados y el corazón abierto with tags , , , on 31 julio 2017 by Jdcc

Llega el momento, ese precipitado instante que pondrá final al día de hoy e intentas buscar, encontrar y adaptarte al estado de ánimo necesario para dormir. Ese estado de cansancio o relajación que concilie un pretendido y necesitado sueño reparador, pero que ya intuyes tras ese segundo, que no va a llegar, y esa mala predisposición ya comienza a fastidiarte.

Por eso, decides tal vez poner en marcha lo aprendido: soltar la respiración, relajar la musculación, aflojar la tensión que cuelga después de haberte incluso relajado, y te sorprendes de cuanto queda siempre detrás de lo que aparentemente no se percibe, allá donde aparentemente no queda ya nada.

Sin querer queriendo te cruzas sin buscar y encuentras la hora del reloj una y otra vez donde los minutos ya han cambiado sus reglas del juego, rompen su orden y se desacompasan contigo.

De repente, prestas atención a todo lo que te va llegando sin querer y sin quererlo. Los grandes silencios de la noche resaltan entre todos los pequeños ruidos de lo que queda vivo aún, y se van quebrando todos ellos con el lejano ladrido del perro, el brusco portazo, el eco de unos pasos desconocidos que acompañas hasta que van alejándose y desapareciendo poco a poco, el crujir de algún mueble, el tic tac lejano del reloj. Se va enturbiando todo como el agua estanca de un arroyo con un grito inadecuado e inoportuno, y parece multiplicarse la presencia del temblor de los motores de los coches y el roce de sus neumáticos al rodar y girar con el asfalto aún recalentado; el antes inapreciable murmullo del ventilador del techo también susurra desde su sombras aunque el aire que remueve ya es insuficiente para mitigar la sensación de calor. Los pensamientos empiezan a empaparse y se empastan con el aire removido.

Y el tiempo parece seguir frenándose aún más para alargar la madrugada, y aunque quieras engañarte el reloj se alía con esa sensación de lentitud anciana para fabricar el insomnio, pero eliges seguir luchando contra él aún sabiendo cual será el resultado.

Y es cuando comienza el inventario de pensamientos, el decálogo de emociones cotidianas, el listado de asuntos pendientes, y es cuando acuden todos los fantasmas; y ya no queda otro remedio, toca enfrentarse a todo en ese campo de batalla negro y apagadamente escandaloso de tu cabeza: pasado, presente y futuro se entremezclan confusamente en una ficción tan absurda como irreal para mirarte cara a cara cual espejo y enfrentarte a quien fuiste, a quien eres, al lugar donde estas, al que quieres llegar, a todo lo que querrías cambiar y cómo pretender accionarlo. Pero todo es demasiado grande para este insomnio y en este momento de la batalla te sientes ya vulnerable, derrotado y aquí no hay ya valentía ni habilidades más allá de aceptar dejarse atravesar y abandonarse, las ganas se esfuman, el desánimo aflora, la derrota se intuye y entregas las armas. No decides nada, tampoco haces nada ya.

Y, tras ello, cuando menos lo esperas, sin saber cómo ni en qué momento exacto, descubres agrietados los ojos y pesados los párpados, y la luz, antes aliada, comienza como a dolerte y a cegarte; y se cuelan como una mariposa, el cansancio y lo que parece sueño en un momento de paz que saboreas en cada resquicio de la oscuridad absoluta y solitaria que te envuelve; y un leve y frágil escalofrío que alivia este momento presente; y tu recuerdo, tú, completamente, como presente, tú, tal cual eres; y ahora, desnudo como ante un mar en calma y de aguas templadas nadas el sueño como en el momento exacto en que la piel entra en contacto con ese mar, y se produce una simbiosis perfecta de temperaturas y texturas…… y todo está bien, todo se reconforta, todo fluye, saboreas la serenidad, y ya no cuenta ni existe miedos ni tiempo.

Y al final, como una noche de vigilia, como todo, todo pasa, y esto también pasará, esta lucha entre querer y no poder, entre poder y no querer en los días del insomnio del sueño de mi vida, de toda mi vida que me queda por vivir. Y todo estará bien.

 

Cartier-Bresson, Henri - The Red List - (Italia 1.933)

Henri Cartier-Bresson –  (Italia, 1.933)

“…..y ahora, desnudo como ante un mar en calma y de aguas templadas nadas el sueño como en el momento exacto en que la piel entra en contacto con ese mar, y se produce una simbiosis perfecta de temperaturas y texturas…… y todo está bien…..”

Si estás deprimido es porque vives en el pasado. Si estás lleno de ansiedad es porque vives en el futuro. Si estás en paz es porque vives en el presente”.

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Los cristales rotos.

Posted in Con los ojos cerrados y el corazón abierto on 3 marzo 2017 by Jdcc

Desde la oscuridad de esta noche y de esta soledad de estrellas, desde las horas robadas al sueño, entre mis catedrales de silencios que son estos ratos de las madrugadas en las que uno se sienta a contemplar este mar de pensamientos, de sentimientos y de sensaciones; entre estas aguas donde navegan esos barcos de esperanza que alimentan nuestros sueños presentes y futuros, atracados y anclados en aquellos diques de nostalgias, desde aquí, desde donde todo parece dispuesto para zarpar y alejarnos de aquellos puertos de la memoria que nos atrapan en un pasado que a veces nos retiene y otras nos empuja hacia adelante, que a veces nos acompaña y otras nos abandona, que muchas veces nos tortura y otras, a veces, nos consuela….. desde aquí, todo se detiene.

El mundo duerme ajeno a mi desvelo, respira sereno, entorna los ojos, se confía, tiene saudade conmigo.…. desde aquí, todo es diferente. Las vidas se disipan entre el sueño y la vigilia y se escurren entre los pedazos de corazones rotos como el agua entre las manos, como el tiempo entre las horas.

Utopía significa “en ninguna parte”, y nada encuentro más triste que un desencuentro. Todos ven lo que aparentas, pocos ven lo que eres. No creas todo lo que crees porque en el tránsito hacia una nueva etapa todo se oscurece, y de entre la máxima oscuridad se accede a la luz donde el verdadero modo de conocer el camino al paraíso, es conocer el que te lleva al infierno.

Existen muchas cosas que ocurren muy despacio, y en ocasiones el dolor será inevitable pero el sufrimiento es opcional.

Ahora, en este instante detenido y lejano, sólo existe un tic-tac goteando en mitad de un silencio oceánico que todo lo envuelve y todo lo arrulla, que todo lo puede, que todo lo transforma hasta permitirme navegar por esa mar que es la serenidad de los momentos por vivir, tranquilidad de los deseos, sosiego de los sueños, salitre y arena con el que en pocas ocasiones uno tropieza.

Ahora el mundo para quien lo quiera que a mí me espera una mañana distinta en el mismo amanecer, con otra luz del mismo sol y otra brisa del mismo mar porque tras caminar descalzo sobre cristales rotos, ya no hay retiradas ni asuntos pendientes, toca dejar volar el miedo, respirar profundo, remar sin vientos, continuar el dibujo de puntos y, encontrando tu mano, partir en busca de lo que será.

Ahora….. ahora….. ahora, será el tiempo y el adverbio.

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Pasiño a pasiño…..Ultreia!!!…Et suseia!!!

Posted in Con los ojos cerrados y el corazón abierto with tags , , , , , , on 27 noviembre 2016 by Jdcc

Voy a contarles algo que no se puede explicar porque -gracias a Dios….y Dios es el nombre de muchas cosas- aún existen momentos en la vida que solo pueden ser vividos y percibidos cuando suceden y mientras suceden, y no sirven ni las palabras, ni las fotografías, ni los vídeos de los móviles.

Hoy hace justo dos meses que volví de mi peregrinación al Camino de Santiago.

Alguien me contó que el espíritu del camino te posee antes incluso de empezarlo, antes incluso de que hayas tomado la decisión de viajar, y es cierto. También he oído decir que uno casi siempre viaja “huyendo de….” o “buscando a….”, y creo que, en parte, también es cierto si tienes demasiados asuntos pendientes o si te percatas de cuánta vida se le escapa a uno en el día a día.

El Camino de Santiago es un viaje distinto, un universo de sensaciones y experiencias cotidianas diferentes. Es un mundo construido con pasos desconocidos, pero pasos inolvidables; fabricado con los marcados acentos de todas las voces del mundo que viajan contigo, y de cómo ese acento nos delata, nos revela y descubre, de cómo nos identifica y nos une; pintado con las nieblas al amanecer que tanto esconden como descubren los bosques y senderos que te guían, y rellenado con el susurro del viento que recorre las copas de los árboles; un viaje amasado con el cansancio y el peso de la mochila como alegorías de cualquiera de las almas peregrinas repletas de ampollas y tiritas, personas todas ellas absolutamente desconocidas para tí que formarán parte de tu experiencia pero a las que, contradictoriamente, no volverás a ver en el resto de tu vida.

Sorprende el efecto anestésico inicial del Camino. Sin embargo, llega un momento cuando menos te lo esperas -que es una serendipia-, en el que la anestesia desaparece de repente y te descubres abierto en canal al dolor que se lleva tapado; y es entonces y sólo entonces, en esa soledad abrumadora, cuando empiezas a sanar, a desprenderte de todo lo accesorio, a soltar, dando pie a comprender que en esas zonas inexploradas de tu alma te encuentras tú, en la forma más simple que te puedas imaginar, como si fueras otro ser humano que sólo ha encontrado su salida al ir pisando la hierba que hace nacer el sendero. Tras ese instante empiezas a dejarte llevar, y de forma automática, a recibir sensaciones que no se pueden comprar, tan pronto tumulto de voces tan pronto silencio absoluto quebrado sólo por el ruido de tus propios pasos al caminar, y es en esos momentos en los que uno se va topando con todas las respuestas que andaba buscando, clavadas en los silencios de las sombras de los árboles, en las piedras del camino, en los pasos cansados, en la sed de las cosas, hasta un instante en el que no quedan ya preguntas por hacerte y, simultáneamente, aprehendes la diferencia entre lo que crees que necesitas y lo que realmente necesitas, y es cuando aunque creas perder el rumbo por un segundo, te detienes, respiras profundo, entornas los ojos, y descubres sin saberlo haber obtenido la habilidad de encontrar entre las rocas, entre los postes, entre los árboles, las señales escondidas que antes no veías y que guiarán tu camino en forma, esta vez, de flechas amarillas.

El Camino es el viaje donde no existe más principio que aquel lugar de donde sales, ni más destino que aquel al que pretendes llegar antes de caer la tarde, ni se cuenta tiempo distinto que el ahora, ni otra intención que la siguiente zancada. Ese misterio aporta fuerza y alivio, junto a la sabrosa complicidad total y absoluta que surge entre los peregrinos, tal vez por el recíproco conocimiento de que todos libramos día a día una batalla de la que nadie sabe nada.

¿Cuántas de las cosas que te rodean día a día crees realmente que son necesarias o imprescindibles?¿Cuánta distancia te hará falta recorrer para encontrar la respuesta?

Para ese viaje, para todo aquel que lo emprenda, vaya a donde vaya, solo dos palabras:

               ¡buen camino!.

 

Don´t Stop Walking!!!

Don´t Stop Walking!!!

 

Balcones al mar, ventanas a mi alma.

Posted in Con los ojos cerrados y el corazón abierto with tags , , , , , , , , on 21 agosto 2016 by Jdcc

Deambular varios años entre bachillerato de ciencias y bachillerato de letras, no fue buena cosa por aquellos años. Hoy, sin embargo, me aporta un equipaje lleno de diversidad. No hay nada como una buena clase de filosofía temprana para abrir, despejar, encauzar y airear una mente juvenil -algo torpe pero inquieta- y así poder intentar escudriñar el alma de las cosas; en el otro extremo, no hay nada como una clase de física y química para entender el mundo invisible que ocupamos y atravesamos todos los días.

Una de mis renovadas aficiones en este extraño verano que atravieso descansando de los exámenes entre otras cosas, ha sido volver a la playa a caminar por su orilla mediterránea a través del silencio cómplice y anónimo de las ineluctables pisadas en la arena, descubriéndome, en ocasiones y sin entender por qué, haciéndolo de forma apresurada, hasta que he ido poco a poco rectificándome y aprendiendo a no caminar con prisas.

Cada uno de estos días en los que he ido contemplando el mar -que siempre estuvo ahí, que jamás se fue y que jamás se irá-, descubro que nunca antes me detuve a mirarlo, verlo y observarlo como ahora lo hago y, al tiempo, a oírlo y escucharlo con tanta paciencia y detenimiento. Ya sea cuando está en su estado natural de calma o cuando, bravío y enfadado, estalla contra las rocas, pretendo iluso acercarme sigiloso a su alma lunática y comprender el misterio del influjo de la luna sobre las mareas. Y es entonces cuando me asombra descubrir cómo respira el mar, cómo se le hincha su alargado pecho hasta la perfecta línea del horizonte, o cómo resopla embistiendo fuerte entre los acantilados.

Acabo siempre atrapado, absorto, mecido, serenado con cada ola, rescatado al fin, recibiendo sus caricias en forma de bruma y brisa en mi pelo y sobre cada poro de mi piel. Y es en ese momento cuando se me revela que pretendí engañar a mi alma salada y yodada durmiendo con los ojos cerrados y soñando con los ojos abiertos vistiéndome los pies descalzos de arena. Me engañé pretendiendo ser roca, cuando yo siempre quise ser el mar. Hoy lo se, me doy cuenta, y me lo recuerdan también en secreto la luna que rehíla por las noches y las gaviotas que planean sobre mí desde cada balcón abierto al mar mientras alzan su vuelo sobre el horizonte azul del cielo donde el viento invisible, al contrario de lo que se pudiera pensar, no las arrastra ni las empuja, sino que son ellas las que se aprovechan de la fuerza de éste para alcanzar el lugar exacto donde quieren llegar.

Cuando uno camina solo y de repente te detienes y alguien habla con voz queda tu mismo idioma, ve con tus propios ojos, te acaricia sin tocarte, te entiende sin hablarte y te escucha en mitad del ruido, regresar luego al resto del mundo no resulta nada fácil.

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Primavera en mi jardín, otoño en el corazón. Un verano pendiente.

Posted in Con los ojos cerrados y el corazón abierto with tags , , , , , , , on 9 junio 2016 by Jdcc

Es duro y frío el suelo del porche de casa. Además, noto cómo se sigue clavando en el hueso del culo cuando llevo un rato sentado mirando el jardín, igual ahora que la primera vez que llegué. Para todo existe una primera vez, pero solo una. Contemplar desde esta atalaya con los ojos entornados por la luz del sol que aún persiste sobre la colina el paisaje de campo que se me regala y saborear una cerveza fresca notando la brisa suave, sigue siendo un pequeño placer invariablemente constante: aunque nunca será como aquella primera vez.

Distinguir las cosas importantes de las cosas que importan, fue una de esas enseñanzas que me marcaron para siempre y que forman parte de mí tanto como las manos con las que escribo. Conocer, reconocer y disfrutar del placer de descubrir todas las cosas por primera vez, incluso las más simples y pequeñas y envolverlas con el sabor y el regusto de reencontrarme con ellas, fueron el otro pilar que sostiene la parte de mí que se oculta cotidianamente.

No supe ni podía alcanzar a imaginar qué debía sentirse cuando compras por primera vez una casa y te endeudas para toda la vida queriendo construir un sueño. La realidad detrás del sueño fue, al principio, más agria que dulce y creció entonces un inesperado malestar interno, como un quemazón por dentro. Pero a veces el fuego del infierno termina purificando y sanando algunas heridas, y para cuando eso no ocurre, aparecen los incansables pasos del tiempo, aunque a veces pudieran parecer incompatibles con el reducido tamaño de este corazón, a veces tan vulnerable.

No hay segundas oportunidades para la primera vez de todas las cosas que ocurren, ni para la primera vez de todas las cosas que no llegan a suceder, ni para aquellas que descubres con certeza que están aún por llegar, ni para la magia de los sueños extinguidos de la infancia. Como la primera vez que uno consigue atarse los cordones de los “tenis”, o cuando toca soltarse de la mano de tu madre en el primer día de colegio y al rato conocer al primer compañero. Descubrir el mar. La primera vez que tocó adentrarse, inexperto, en el misterioso mundo de los besos, en el alterado sentido de los botones de las camisas de mujer, en el complejo mecanismo de un sujetador y en el calor de los cuerpos. Como aquellas veces que intentabas sin éxito frenar la luz del alba, queriendo que no amaneciera, pretendiendo ganar tiempo para descifrar y entender el lenguaje secreto que se esconde en las estrellas. El primer café, la primera cerveza, el primer whisky. La primera vez de ver morir a alguien. Perder un amigo. Excavar en el jardín bajo la lluvia para enterrar a tu mascota que te abandonó instantes atrás. La primera vez que te dicen “nunca te fallaré” a sabiendas de que nunca y siempre abarcan, al cabo, un mismo espacio temporal sembrado con semillas de mentiras.

Como una primavera tardía, como un otoño temprano, como un verano pendiente sigo intentando aprender en este permanente despertar de los sentidos. Hoy como aquella primera vez, y otras tantas a lo largo de este tiempo silente, continúo en una simbiosis contemplativa ante este pequeño jardín mientras voy amasando recuerdos con sentimientos que se mezclan en este pequeño bosque de margaritas blancas, moradas y azuladas, de romero, hierbabuena, jazmín, rosas rojas  y tulipanes amarillos. Este pequeño y nimio jardín del mundo. Pero poco, es a veces mucho cuando no se ha tenido antes casi nada tras perder un sueño. En él he descubierto pequeños tesoros de la vida: el agua de la lluvia que alimenta la sed de la tierra; el sol que transforma la savia; o cómo el muro y las rejas, lejos de aislarlo, protegen al jardín. Soy pretérito imperfecto, ellos, pretérito pluscuamperfecto.

No existen segundas oportunidades para una primera vez, lo se, por eso quizás siempre he ido corriendo contemplando los días con el ansia de aprovecharlos, exprimirlos, apurarlos, preocupándome  de que no se me escaparan, aún comprendiendo de forma contradictoria que eran inabarcables e indisponibles: esa fue la lucha, esa fue la batalla cotidiana, esa fue la guerra perdida de antemano. Por eso ahora no hago ya el intento de detener el tiempo y me propongo aprender a caminar para recorrerlo de forma serena para rellenarlo dejando huecos en los recuerdos y alternando espacios en la memoria para la primera vez de todas las cosas que estén por llegar en este verano pendiente.

Camino de ida, camino de vuelta.

Posted in Con los ojos cerrados y el corazón abierto with tags , , , , , , , on 11 abril 2016 by Jdcc

Giro tan solo a medias la llave del contacto del coche, lo justo para que fluya la corriente y poder así bajar las ventanas delanteras. Con ello se rompe el silencio oscuro de la madrugada pudiendo casi captar el fluir de la electricidad a través de este aparente inerte esqueleto metálico. Son solo unos breves segundos infinitos.

Antes de comenzar la marcha el frío ya ha inundado el habitáculo de una forma tan precipitada como esperada, pero lejos de inquietarme me regocijo inhalando ese frío que viene mezclado con el frescor de la hierba del campo, el aroma de un beso de jazmín y las últimas bocanadas de humo de los rescoldos de las chimeneas. En lo que dura esa inspiración pretendo, iluso de mí, adivinar lo que queda del día y lo que él me tiene preparado. Es un placer cotidiano que se envuelve cada mañana de cada día con la añoranza del salitre y el rumor de las olas del mar tan distantes y lejanas hoy día de mí.

Hago girar la llave ahora por completo y la mantengo así el tiempo necesario para arrancar. A partir de ahora, el coche recorrerá el asfalto cotidiano casi de forma automática, y con él me lleva, y con él me voy, y ambos decimos adiós. Todo se inicia para un día que va en busca de algún destino escrito con tinta deleble, al igual que las noches van en busca de sus mañanas o tal y como algunos sueños nos traicionan y se abandonan a una vigilia que se anticipa inevitablemente larga.

Mientras desciendo por la carretera voy oteando el horizonte, ese que se aleja mientras intento alcanzarlo, y consigo percibir con las primeras luces del alba el viento azotando los campos de trigo y el movimiento de las hojas de las ramas de los árboles; consigo sorprenderme de cómo el paisaje va permutando en cada curva y en cada recta, y de cómo el cielo se va fragmentando en múltiples formas y colores como un caleidoscopio infinito; consigo tomar conciencia súbita de una sensibilidad profunda donde todo parece encajar perfectamente, y consigo entender cuánta vida real existe detrás de todas las cosas de este mundo, de todas las cosas grandes pero sobre todo me van asaltando como señales toda la vida que surge detrás de todas las pequeñas cosas; consigo reconocerme en ese momento en un lugar donde el paisaje y mi interior se toman de la mano y se tocan serenamente, y es entonces cuando asimilo que algo en mí actúa como bisagra entre ambos, y que el destino puede resultar ser a veces el punto de partida; que el camino de ida puede ser a la vez camino de vuelta, y que cómo la vida, lo que el camino te da, el camino te lo quita. Es entonces cuando me atrapan en algunas ocasiones sensaciones donde coexisten la inquebrantable e inefable dualidad de un bien que se padece y un mal que se disfruta.

Como la senda que conduce a un camino de pasos perdidos alcanzo el final de mi trayecto, a la vez principio, tras haber estado percibiendo todos los sonidos de esta callada realidad al tiempo que pretendía detenerme y anclarme a mí mismo -sin éxito alguno- lejos del tiempo que transcurre sin esperarnos, intentando quizás sublimar al son de un puzzle de expectativas mal ubicadas. O, tal vez, quizás sea simplemente Mercurio en retroceso -y eso son siempre problemas-, o quizás, simplemente, mi alma huyendo de mí a sabiendas de que pretender sentirse vivo es una tarea ardua que ocupa, más que un instante, toda una vida.

Enero

Posted in Con los ojos cerrados y el corazón abierto with tags , , , , , , , , on 31 enero 2016 by Jdcc

Enero, Lisboa, línea 28, último tranvía del día. A pesar del frío voy sentado junto a la ventana abierta y, a través de ella, al instante, me escapo por las fachadas alicatadas que se suceden en las empinadas calles de Alfama; por entre el enjambre de cables, la luz de las farolas soportando la noche, todas mis saudades, la ropa tendida en los balcones, las promesas pendientes, mis nostalgias renovadas y las realidades que divergen.

La madera del suelo cruje con los pasos de los viajeros que suben y bajan, pero yo no me distraigo. Como uno no escribe de lo que quiere sino de lo que puede, voy recuperando el nombre de todas aquellas cosas a las que fui poniéndole nombre durante este año que acabó hace un día y, ordenándolas en mi cabeza, las alineo junto a las palabras encontradas con sus realidades a las horas y minutos exactos y repetidos. Siempre hay cosas y personas que marcan el paso de una vida.

Es abrupto el camino, son cerradas las curvas, pero todo es cuestión de encontrar la velocidad adecuada para cada tramo, pero yo no me detengo. Descubro que el hecho de haber aprendido estas cosas, solo alimenta las ansias del camino, que solo desvelan lo mucho que me falta, como cuando divisada la luz del faro, de repente, se pierde entre la niebla….. y toca seguir navegando.

Fuerte vaivén por los railes, frenazo en seco, tintineo de campana . Me secuestra otra vez la realidad. Esta vez no me resisto. Toca apearse del tranvía, fin de este trayecto circular como un anillo, es la última parada.

En este instante te guardo despacio entre las líneas del cuaderno. Cierro los ojos, inhalo el momento, comienza otra vez enero.

 

Enero, Lisboa, Línea 28...

Enero, Lisboa, Línea 28…..