Mezquindad.
“Nunca se encuentra lo que se busca”…Esta frase hecha forma parte de una gran canción de un gran grupo que alcanzó la gloria pequeña, efímera y cercana del reconocimiento de unos pocos…yo entre ellos. Sólo hacía repetir este verso cantado ayer por la tarde mientras me recorría en moto casi toda la ciudad en busca de un casi imposible….imprimir unas fotos al instante. Si queridos amigos, esto que parece una bobada puede llegar a ponerte nervioso y hacer que una tarde relajada puedas llegar a tener ganas de echarle la mano al cuello a alguien. En primer lugar por la mezquindad de alguna/s personas que se sientan detrás de un mostrador, cual burladero taurino, pensando que su misión es marear al cornudo cliente, lidiando sus necesidades y exigencias hasta el punto de hacerte sentir como un completo estúpido. Esta fue la sensación que me invadió en el primer intento, una potente imprenta céntrica, en la que un viernes por la tarde casi desierta, no pueden imprimir unas fotos “porque estamos las dos solas”…..y eso era más verdad que el día y la noche, más verdad que el pan y la sal , lo estaban….. y completamente, dejando de lado a mi novia y a mí por supuesto, porque el local estaba vacío cuando llegamos, permaneció vacío durante nuestra estancia y se quedó vacío cuando nos fuimos…y la muchacha se negó y se negó y se negó hasta tres veces, como Pedro a Jesús, y yo impotente, sin fotos y con mi nueva cara de tonto.
Mediocridad.
Después dimos con varios intentos en diferentes locales y con resultado idéntico: en todos un poco más caro y en todos “vuelva usted mañana”. La frase más repetida en España desde que la escribiera en mayúsculas mi amigo Larra. ¿Y todavía hay gente que niega la crisis?. Decidimos apostar por las siempre eficaces, infalibles y todopoderosas grandes superficies donde puedes encontrar una gran atención y todo lo que puedas necesitar para el hogar y la felicidad familiar, hasta una máquina de impresión de fotos instantánea. Y allí nos plantamos. Y la mediocridad de los grandes tomó forma. Después de recorrernos toda la gran superficie dimos con ese rincón de esperanza y lo encontramos, y en él a la muchacha que debía atender y saciar nuestra necesidad…..pero por lo visto antes que a la necesidad del cliente hay que atender al teléfono. Bueno, también es su trabajo pensé yo, aunque no así la paciencia agotada de mi novia, que no me decía nada y eso me preocupaba más aún, aunque tampoco hacía falta, porque podía imaginarlo, y por ello no voy a reproducirlo por respeto a la formalidad literaria. Y la muchacha se paseaba y se paseaba con su teléfono en la oreja y la sonrisa de niña pava. Yo ya me hacía una idea de con quién podía estar hablando viendo la cara que le asomaba al gesto…….traducido al idioma de un amigo: “ se le estaba haciendo el chocho coca-cola pensando en el noviete”, que seguro que tiene que ser un kinki. Como verán mi amigo no atiende a las formalidades literarias. Me di cuenta de que detrás del mostrador había mucha gente para atender, pero ninguna estaba atendiendo a nadie, todas miraban el ordenador, iban de un lado a otro, miraban al techo (yo también miré pero no encontré nada interesante) y otras seguían hablando por teléfono, hasta que una compañera la avisó de que un muchacho y su acompañante furiosa la estaban esperando. La muchacha colgó y vino hacia nosotros y sin ni un saludo que pudiera parecer fingido y transmitiera un gesto de disculpa por la espera, más bien con un “a ver qué coño quieren estos dos ahora”, nos invitó a conocer las fabulosas tarifas para la impresión en formato analógico y digital. “Digital…digital….”, respondí yo entusiasmado ante la palabra revelado en formato desde soporte digital. Inmediatamente quise quitarme la duda de sí el “vuelva usted mañana” aparecería ahora como los baches del camino. Mi entusiasmo crecía por momentos hasta unos niveles casi orgásmicos cuando la muchacha respondió: “si” claro”. Llegado ese momento estaba dispuesto a pedirle disculpas (pero sólo de pensamiento) por haber pensado mal de ella mientras me hacía perder mi tiempo, por haber supuesto que hablaba con su novio kinki y otras muchas cosas y otros muchos pecados. Aunque estos pensamientos bondadosos se tornaron más malignos todavía cuando me mostró los precios correspondientes a la tarifa “al instante”. “Coño”, pensé yo. ¿por qué es más barato si me haces volver mañana que si lo haces ahora, cuando si no trabajas ahora estás haciéndole un gasto telefónico a tu puta empresa (seguro que llamada a móvil)? La tarifa era más del triple. ¿atraco, desolación, impotencia, humillación? Todo esto se me pasaba por la cabeza, sin embargo, a la vez recordé que llevaba buena parte de la tarde buscando un sitio para imprimir lo que compensó las ganas de estrangular a aquella muchacha………y a su novio kinki también. Convencido de que iba a gastar más en gasolina que en imprimir las fotos, si es que llegaba a imprimirlas, decidí meter mi mano en el bolsillo de la chaqueta y coger el pendrive donde llevaba las fotos, lo saqué y cual vaquero del lejano oeste cuando ponían sus dólares encima de la barra para pedir “un vaso de whisky”, lo puse encima del mostrador y dije: “75 fotos”….con dos cojones, desafiante, arrogante, mirando fijamente a los ojos. La muchacha con novio kinki miró el pen, levantó la mirada y me respondió: “uff, desde un pen no puedo imprimirlo porque la máquina que tenemos es muy antigua y no tiene entrada usb”. ¿se lo pueden creer? Querido amigos, yo tampoco. Me hubiera gustado haberme visto la cara que se me quedó. No es mi estilo dar nombres, sobre todo cuando es para hablar mal, pero ¿como puede ser que en un puto Carrefour haya un puesto de impresión de fotos y tengan una máquina de revelado para soporte digital que no disponga de una puta entrada USB?. Pero lo peor fue que a la muchacha le parecía una cosa normal, como la lluvia en abril, y es más….seguro que se alegró pensando que ya no tenía que mover su culo gordo y celulítico para trabajar y que podía volver a marcar el número del kinki para contarse chorradas mutuamente. El cabreo monumental de mi novia, mi pen y mi apocalíptica indignación nos fuimos en busca de nuestra última oportunidad.
Alegría final.
Ahora recuerdo con placer verdadero y me honro de repetirlo y escribir la frase que le dije a mi novia antes de subir a la moto mientras discutíamos sobre lo que nos acababa de pasar: “hemos recorrido el centro de la ciudad, hemos estado en las todopoderosas superficies y al final en el último barrio de mierda, el más pobre y sucio…….al final…..vamos a encontrar lo que buscamos y necesitamos”. Y mientras pronunciaba la frase me iba dando cuenta de la gran verdad que salía de mis labios, y sentía que no sólo hablaba por la posibilidad de poder sacar las fotos al instante, si no por todo aquello que no somos muchas veces capaces de valorar y que otras veces olvidamos: nuestros orígenes, nuestra infancia, nuestra niñez, nuestra juventud, el sitio de nuestro recreo, la cuna de lo que somos. Mi casa, mi portal, mi calle, mi barrio. La patria chica del hombre que soy. El parque, los columpios, el videoclub, el colegio, los bancos y los recreativos. Me acordé de mi madre y de mis amigos de la infancia. Todo fue como un chispazo, todo lo pensé y lo sentí mientras decía la frase. De nuevo la mística unión de lo que descubres y de lo que reencuentras. Mi pasado mi presente y mi futuro unidos y conjugados de nuevo para no olvidarme de quién soy, quién fui, de donde vengo y a donde quiero ir, pero sobre todo de cómo soy. Fuimos a mi barrio, buscamos la pequeña tienda de fotos donde había una amable dependienta, le dimos el pen e imprimió las fotos con la naturalidad que transmiten las cosas simples que se hacen bien, dió brillo y contraste a las que salían oscuras, encuadró las que tenían algunos defectos y todo ni tan caro ni tan barato, pero lo suficientemente preciso para que ahora hayamos podido colgar las fotos en el salón, y la magia de los momentos que se atrapan en un papel, den vida a unas paredes mudas y tristes.
Mi barrio no es el mejor. Es un barrio común, normal, como cualquier barrio de cualquier ciudad donde vive gente normal. Es un barrio donde, en un momento de apuro, puedes encontrar aquello que buscas y que puedas necesitar en un momento determinado, o en un momento de apuro, incluso aquellas cosas que piensas que podrías encontrar en otros lugares, incluso aquellas cosas que crees que no podrás encontrar, hasta incluso………. la normalidad.